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Proverbios 27

Lee, medita y acompaña la Palabra de Dios en una página sencilla. RV1909 S.

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Proverbios 27

RV1909 S | 27 versículos

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NO te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.

Alábete el extraño, y no tu boca; el ajeno, y no tus labios.

Pesada es la piedra, y la arena pesa; mas la ira del necio es más pesada que ambas cosas.

Cruel es la ira, é impetuoso el furor; mas ¿quién parará delante de la envidia?

Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto.

Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.

El alma harta huella el panal de miel; mas al alma hambrienta todo lo amargo es dulce.

Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.

El ungüento y el perfume alegran el corazón: y el amigo al hombre con el cordial consejo.

No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción: mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.

Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me deshonrare.

El avisado ve el mal, [y] escóndese; [mas] los simples pasan, [y] llevan el daño.

Quítale su ropa al que fió al extraño; y [al que fió] á la extraña, tómale prenda.

El que bendice á su amigo en alta voz, madrugando de mañana, por maldición se le contará.

Gotera continua en tiempo de lluvia, y la mujer rencillosa, son semejantes:

El que pretende contenerla, arresta el viento: ó el aceite en su mano derecha.

Hierro con hierro se aguza; y el hombre aguza el rostro de su amigo.

El que guarda la higuera, comerá su fruto; y el que guarda á su señor, será honrado.

Como un agua se parece á otra, así el corazón del hombre al otro.

El sepulcro y la perdición nunca se hartan: así los ojos del hombre nunca están satisfechos.

El crisol [prueba] la plata, y la hornaza el oro: y al hombre la boca del que lo alaba.

Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo á pisón majados, no se quitará de él su necedad.

Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; pon tu corazón á tus rebaños:

Porque las riquezas no son para siempre; ¿y [será] la corona para perpetuas generaciones?

Saldrá la grama, aparecerá la hierba, y segaránse las hierbas de los montes.

Los corderos para tus vestidos, y los cabritos para el precio del campo:

Y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, y para mantenimiento de tu casa, y para sustento de tus criadas.