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Salmos 102

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Salmos 102

RVG | 28 versículos

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«Oración del afligido, cuando está angustiado, y delante de Jehová derrama su lamento» Oh Jehová, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.

No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia inclina a mí tu oído; en el día que te invocare, apresúrate a responderme.

Porque mis días se han consumido como humo; y mis huesos cual tizón están quemados.

Mi corazón está herido, y seco como la hierba; por lo cual me olvido de comer mi pan.

Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.

Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades.

Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

Cada día me afrentan mis enemigos; los que contra mí se enfurecen se han conjurado contra mí.

Por lo cual he comido ceniza a manera de pan, y mi bebida mezclo con lágrimas,

a causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.

Mis días son como la sombra que se va; y me he secado como la hierba.

Mas tú, oh Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.

Te levantarás y tendrás misericordia de Sión; porque es tiempo de tener misericordia de ella, pues el plazo ha llegado.

Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.

Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

Por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto;

Habrá considerado la oración de los desamparados, y no habrá desechado el ruego de ellos.

Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que será creado, alabará a Jehová.

Porque Él miró desde lo alto de su santuario; desde el cielo Jehová miró la tierra,

para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte;

Para que anuncien en Sión el nombre de Jehová, y su alabanza en Jerusalén,

cuando los pueblos se congreguen en uno, y los reinos, para servir a Jehová.

Él debilitó mi fuerza en el camino; Acortó mis días.

Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generación de generaciones son tus años.

Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.

Ellos perecerán, y tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:

Mas tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.

Los hijos de tus siervos permanecerán, y su simiente será establecida delante de ti.