El fruto nace del Espíritu
Pedro empezó a dar fruto cuando su vida fue llena del Espíritu Santo y aprendió a depender de Cristo.
Simples Assim, Jesus nace con una presencia calmada y sólida: devocional del día, biblioteca pública y una experiencia multilingüe preparada desde la base.
Pedro empezó a dar fruto cuando su vida fue llena del Espíritu Santo y aprendió a depender de Cristo.
Devocional
Pedro convivió con Jesús de cerca y recibió muchas enseñanzas de Él. Aun así, su historia muestra que la vida cristiana necesita la obra de Dios en el corazón. Él amaba al Maestro, pero también conoció su propia debilidad cuando negó a Jesús.
En Hechos 2:4, la Palabra dice: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo.” Pedro estaba entre ellos. La promesa de Jesús se cumplió, y aquel momento marcó una nueva etapa en su caminar. El hombre que había fallado fue sostenido por Dios para hablar de Cristo con valentía.
Poco después, Pedro se puso de pie delante de la multitud y anunció a Jesús con claridad. La presencia de Dios fortaleció su fe y dio firmeza a su testimonio. El fruto que apareció en su vida nació de la obra del Espíritu Santo.
Jesús ya había enseñado en Juan 15:5: “El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” El fruto espiritual nace de permanecer en Cristo. La vida cristiana se debilita cuando intenta apoyarse solo en la propia capacidad. El corazón necesita depender de Dios para vivir con fidelidad.
Pedro empezó a dar fruto porque fue alcanzado por el poder de Dios. Lo mismo pasa con nosotros. La fe madura cuando dejamos la confianza en nosotros mismos y aprendemos a vivir por la presencia del Espíritu Santo.
Oración
Espíritu Santo, fortalece mi vida en Cristo. Enséñame a depender de Dios con sinceridad y a vivir una fe que dé fruto verdadero. Amén.
Referencia bíblica
4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.
Referencia bíblica
5 YO SOY la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.