Muchas veces imaginamos el poder como control, fuerza visible o victoria sin dolor. Queremos que Dios se manifieste de una manera que impresione, resuelva rápido y no nos obligue a mirar hacia dentro.
En 1 Corintios 1:24, Pablo presenta a Cristo como “potencia de Dios, y sabiduría de Dios”. Esta palabra nos lleva a la cruz.
A los ojos humanos, la cruz parecía debilidad. Allí estaba Jesús herido, rechazado y entregado a la muerte. Pero fue en ese lugar de dolor donde Dios reveló el camino de la salvación.
La cruz muestra la seriedad del pecado y la profundidad del amor de Dios. Nos impide tratar la gracia como algo barato. También nos impide pensar que podríamos salvarnos por nuestro propio esfuerzo.
Cuando miramos a Cristo crucificado, somos confrontados con la verdad sobre nosotros. Necesitamos perdón. Necesitamos reconciliación con el Padre. Necesitamos una salvación que no podríamos producir solos.
El poder de Dios revelado en la cruz no alimenta el orgullo. Nos llama a la humildad, a la gratitud y a una fe más sincera. Jesús se entregó por nosotros, y esa entrega sigue alcanzando el corazón de quien se acerca a Él.
Cada día, necesitamos volver los ojos a Cristo. La cruz nos recuerda que fuimos amados con un amor que tuvo un alto precio.
Oración
Señor Jesús, gracias por la cruz. Guarda nuestro corazón de la frialdad delante de Tu sacrificio y enséñanos a vivir con gratitud ante el amor que nos alcanzó. En el nombre de Jesús, amén.