En Romanos 8:38-39, Pablo declara que nada puede separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Esta verdad necesita alcanzar el corazón en los días difíciles. Hay momentos en que la vida cambia rápido. Una noticia sacude la casa. El cuerpo se enferma. Una despedida deja marcas. La mente intenta entenderlo todo, pero no siempre encuentra respuesta.
Pablo no escribió estas palabras como alguien lejos del sufrimiento. Conocía el dolor, la persecución y la pérdida. Aun así, su esperanza estaba afirmada en el amor de Dios revelado en Cristo.
El miedo intenta convencernos de que estamos solos cuando las circunstancias se vuelven pesadas. La culpa intenta decir que Dios se alejó. La angustia hace que el corazón mire el dolor como si tuviera la última palabra.
Pero la Palabra nos llama a volver los ojos a Jesús. El amor de Dios no depende de la estabilidad de nuestros días. Está firme en Cristo, y Cristo permanece.
Esto no hace pequeño el dolor. La ausencia sigue siendo real. La fragilidad se sigue sintiendo. Aun así, quien pertenece a Jesús puede descansar en la certeza de que nada tiene fuerza para arrancarlo del amor del Padre.
Hoy, recibe esta verdad con humildad. El amor de Dios en Cristo te sostiene aun cuando tu fuerza parece poca.
Oración
Padre, gracias porque nada puede separarnos de Tu amor en Cristo. Sostén nuestra fe en los días difíciles y guarda nuestro corazón cuando el miedo intente hablar más fuerte. En el nombre de Jesús, amén.