Naamán se enojó porque la orientación del profeta parecía demasiado pequeña para alguien como él. Esperaba una sanidad marcada por honra, movimiento y grandeza. Recibió una palabra sencilla: lavarse en el Jordán.
En 2 Reyes 5:13-14, sus siervos lo ayudaron a percibir algo importante. Si Eliseo le hubiera pedido una cosa difícil, tal vez Naamán habría aceptado. Lo que hirió su orgullo fue la sencillez de la dirección.
Eso también pasa con nosotros. Muchas veces pedimos a Dios una respuesta, pero resistimos cuando Él nos llama a obedecer en algo común. Pedir perdón. Volver a la oración. Abrir la Palabra. Reconocer que necesitamos ayuda. Dejar una actitud que sabemos que está hiriendo el alma.
La fe no crece cuando intentamos mantener el control de todo. Madura cuando confiamos en lo que Dios dijo, aun sin recibir una explicación completa.
Naamán tuvo que bajar al río. Ese gesto tocó más que su enfermedad. Dios también trató su orgullo. La sanidad vino en el camino de la obediencia.
Hoy, presta atención a lo que Dios ya mostró. Tal vez el próximo paso parezca simple a tus ojos. Aun así, si viene del Señor, necesita ser dado con fe.
Oración
Señor, ayúdanos a obedecer Tu Palabra. Quita de nosotros el orgullo que resiste lo simple y danos un corazón enseñable. En el nombre de Jesús, amén.