Romanos 12:9 llama el amor a la sinceridad. Esta palabra alcanza una parte del corazón que no siempre queremos examinar.
Podemos mostrar cuidado esperando algo a cambio. Podemos acercarnos a las personas mientras nos agradan. Podemos hablar de amor y aun así actuar movidos por interés, orgullo o deseo de reconocimiento.
La Palabra nos llama a mirar eso con verdad. El amor sincero necesita nacer de un corazón tratado por Dios. Empieza cuando permitimos que el Señor confronte nuestras intenciones y nos enseñe a tratar al otro sin usar la relación para alimentar nuestra propia voluntad.
Jesús nos mostró ese amor en la vida real. Trató con personas frágiles sin despreciarlas. También habló la verdad sin convertirla en dureza. Su amor alcanzaba a la persona entera, con misericordia y santidad.
1 Juan 3:18 también nos llama a amar con hechos reales. Ese amor aparece en las decisiones comunes, en la paciencia dentro de casa, en la manera en que respondemos cuando somos contrariados y en la disposición de cuidar sin buscar aplauso.
Hoy, pídele al Señor un corazón más verdadero. Que el amor de Cristo trate primero tus intenciones y después se vea en tus actitudes.
Oración
Señor, purifica nuestro corazón. Trata nuestras intenciones y enséñanos a amar con verdad. Que el amor de Cristo se vea en nuestras actitudes, aun cuando nadie esté mirando. En el nombre de Jesús, amén.