Mateo 27:50-51 relata que, cuando Jesús entregó el espíritu, el velo del templo se rasgó de arriba abajo. Aquella ruptura mostraba que la separación causada por el pecado había sido enfrentada en la cruz.
El velo no cayó por el esfuerzo de quienes estaban en el templo. Dios hizo en Cristo lo que ninguna disciplina humana podía alcanzar. Jesús cargó con nuestra culpa y abrió el camino de la reconciliación. Hebreos 10:19-22 presenta este acceso como una confianza fundada en la sangre de Cristo.
Esta verdad toca la manera en que nos acercamos a Dios. Muchas veces cargamos vergüenza y evitamos orar porque sabemos dónde fallamos. En otros momentos, intentamos compensar el error con nuestro desempeño, como si necesitáramos recuperar el derecho de estar delante del Señor.
La cruz pone fin a ese intento. Podemos confesar el pecado con sinceridad porque el acceso depende de lo que Jesús hizo. Su gracia no trata nuestra culpa como algo pequeño. Nos conduce al arrepentimiento y nos recibe por medio de Cristo.
Tal vez te has alejado por miedo al rechazo. Vuelve al Señor. El camino sigue abierto, y puedes acercarte con un corazón sincero.
Oración
Señor Jesús, gracias porque Tu sacrificio abrió el camino hacia Dios. Líbrame de la vergüenza que me aleja y enséñame a acercarme con sinceridad y confianza. En el nombre de Jesús, amén.