2 Timoteo 1:7 fue escrito por Pablo durante un tiempo de sufrimiento y prisión. Aunque enfrentaba circunstancias graves, recordó a Timoteo que Dios concede una vida guiada por Su Espíritu.
Esta palabra alcanza la manera en que reaccionamos cuando somos contrariados, presionados o dominados por el miedo. En esos momentos, el impulso puede hablar antes que la conciencia. Podemos responder con dureza, actuar sin pensar o intentar controlar todo para aliviar la ansiedad.
La fuerza mencionada por Pablo debe permanecer bajo la dirección del amor. Cuando el corazón se entrega al Espíritu Santo, el valor deja de alimentar la agresividad. El dominio propio también comienza a crecer y nos ayuda a reconocer lo que sentimos antes de convertirlo en una actitud.
Gálatas 5:22-23 presenta el dominio propio como fruto del Espíritu. Ese fruto se expresa en decisiones concretas. Aparece cuando esperamos antes de responder, escuchamos con atención y aceptamos que algunas situaciones no dependen de nuestro control.
Tal vez hoy tienes una conversación difícil o una preocupación insistente. Lleva eso al Señor antes de actuar. Pídele que gobierne tus reacciones y forme en ti una respuesta coherente con el camino de Cristo.
Oración
Señor, gobierna mi corazón por Tu Espíritu. Ayúdame a reconocer mis impulsos y responder con sabiduría en las situaciones difíciles. Forma en mí el dominio propio que viene de Cristo. En el nombre de Jesús, amén.