Santiago 3:9-12 expone una incoherencia que puede pasar desapercibida en la vida espiritual. Con la misma boca, una persona alaba al Señor y lastima a quienes fueron creados a semejanza de Dios.
Las palabras suelen revelar lo que se ha acumulado por dentro. Una respuesta agresiva puede nacer del cansancio, del orgullo herido, del deseo de controlar la situación o de un desprecio que todavía no hemos reconocido. La apariencia religiosa puede ocultar esas cosas durante un tiempo, pero terminan apareciendo en la manera de hablar.
Santiago compara la boca con una fuente. El agua muestra la naturaleza de aquello que la produce. De manera semejante, nuestras palabras muestran qué está ocupando espacio en el corazón. Esto se manifiesta en la ironía durante una discusión, en la dureza con alguien cercano o en los comentarios sobre una persona que no está presente para responder.
Seguir a Jesús también implica permitir que Él transforme nuestra forma de hablar. A veces, el cambio comienza cuando reconocemos el impulso antes de responder. Tal vez sea necesario pedir perdón. Tal vez sea más sabio guardar silencio hasta poder hablar con responsabilidad.
Mira tus palabras con honestidad hoy. ¿Están tratando a las personas como criaturas de Dios o están disminuyendo a quienes tienes cerca?
Oración
Señor, transforma lo que hay en mi corazón y guía mis palabras. Ayúdame a reconocer cuándo estoy a punto de herir a alguien y enséñame a hablar con verdad y respeto. En el nombre de Jesús, amén.