Romanos 4:4-8 presenta una diferencia que alcanza directamente nuestra relación con Dios. El trabajador recibe un salario porque el pago corresponde al servicio realizado. La justicia de Dios se recibe por la fe, como un regalo de gracia.
Esta verdad confronta una actitud que puede crecer dentro de nosotros. Oramos, damos ofrendas, servimos y ayudamos a alguien. Después, ante una necesidad, esperamos que Dios responda porque creemos haber acumulado algún derecho. Cuando la respuesta tarda, la frustración revela una expectativa escondida: estábamos sirviendo para recibir algo a cambio.
La relación con el Señor comienza a parecer una cuenta. La obediencia se convierte en crédito. El sufrimiento parece una deuda que Dios todavía debe pagar. Hasta la oración puede perder su sinceridad cuando la usamos para presentar nuestros méritos.
Pablo dirige nuestra mirada hacia el perdón. Son felices quienes han recibido el perdón de sus transgresiones y cuyos pecados no son puestos en su cuenta. La esperanza nace de esa realidad, no de un historial perfecto.
Examina hoy tus motivaciones. ¿Te acercas a Dios porque has sido alcanzado por la gracia o porque esperas recibir algo por lo que hiciste? Tus obras tienen valor, pero no compran el favor del Señor. Cristo es suficiente. Desde Él, el servicio deja de ser una exigencia y se convierte en una respuesta agradecida.
Oración
Señor, libra mi corazón de convertir mi relación Contigo en un intercambio. Enséñame a recibir Tu gracia con humildad y servir por amor, confiando en Cristo. En el nombre de Jesús, amén.