13 de septiembre de 2026•Lucas 18:9-14

Acércate a Dios sin presentar tu currículum

La gracia se vuelve más clara cuando reconocemos nuestra dependencia de la misericordia de Dios. Delante del Señor, el corazón encuentra descanso al abandonar la necesidad de demostrar que merece ser aceptado.

Devocional

Lucas 18:9-14 presenta a dos hombres que fueron al templo a orar. Uno habló delante de Dios sobre sus prácticas religiosas, su ayuno y sus ofrendas. El otro permaneció a distancia y pidió misericordia.

Jesús dijo que este último regresó a su casa justificado.

La parábola fue dirigida a personas que confiaban en su propia justicia. Esa confianza puede aparecer de manera silenciosa en nuestra vida. Tomamos buenas decisiones, servimos, evitamos ciertos pecados y comenzamos a usar todo eso como prueba de que estamos en una posición mejor delante de Dios o de los demás.

La obediencia pierde su pureza cuando alimenta la superioridad. También dejamos de comprender a quienes luchan con pecados distintos de los nuestros. El corazón que se apoya en su propio desempeño suele notar rápidamente las fallas ajenas y mirar con poca honestidad su propia necesidad.

El cobrador de impuestos no llevó argumentos. Llevó su necesidad. Esa actitud no aprueba el pecado. Reconoce que la misericordia de Dios es nuestra esperanza.

Acércate hoy al Señor con esa sinceridad. Examina aquello que has usado para sentirte merecedor. Delante de Dios, tu seguridad está en la gracia recibida en Cristo.

Oración

Señor, líbrame de confiar en mi propia justicia. Dame humildad para reconocer mi necesidad de misericordia y enséñame a mirar a los demás con la misma gracia que recibo de Ti. En el nombre de Jesús, amén.

Referencia bíblica

Lucas 18:9-14

Sagradas

Leer capítulo completo

9 ¶ Y dijo también a unos que confiaban en sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola:

10 Dos hombres subieron al Templo a orar: el uno fariseo, el otro publicano.

11 El fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

12 ayuno <I>lo de</I> dos <I>comidas</I> cada sábado, doy diezmos de todo lo que poseo.

13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.

14 Os digo que éste descendió a su casa <I>más</I> justificado que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.