Romanos 8:38-39 afirma que ninguna realidad, ni siquiera la muerte, puede separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús. Esta verdad alcanza el corazón cuando el miedo comienza a influir en nuestras decisiones.
Los problemas económicos, las noticias difíciles y los diagnósticos inesperados pueden ocupar tanto espacio en la mente que empezamos a vivir tratando de evitar cualquier riesgo. El miedo comienza a decidir por nosotros. Dejamos de obedecer, pedir ayuda o tomar decisiones necesarias porque imaginamos que controlar todo nos mantendrá seguros.
La Palabra nos llama a una seguridad más profunda. Pertenecemos a Cristo. Podemos cuidar nuestra salud, ordenar nuestras finanzas, trabajar con responsabilidad y buscar ayuda cuando sea necesario. También podemos reconocer que existen situaciones fuera de nuestro control.
La esperanza cristiana no depende de una vida sin pérdidas. Está afirmada en el amor que Dios mostró en Cristo y en la victoria de Jesús sobre la muerte. Por eso, la muerte sigue siendo una realidad humana, pero dejó de tener la autoridad final sobre quienes están en Cristo.
Tal vez el miedo está conduciendo alguna decisión tuya. Lleva esa área delante del Señor. Reconoce los riesgos con honestidad, pero entrégale el lugar que el miedo intentó ocupar.
Oración
Señor, guarda mi corazón cuando crezca el miedo. Ayúdame a actuar con responsabilidad y a permanecer firme en el amor que encuentro en Cristo. En el nombre de Jesús, amén.