En Mateo 5:16, Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos”.
Esta palabra alcanza la vida común. Jesús habla de una luz que puede ser vista, no para llamar la atención hacia nosotros, sino para que el Padre sea glorificado.
Hablar de Jesús tiene valor. Aun así, nuestra vida también habla. Habla en la forma en que tratamos a quien nos contradice, en cómo lidiamos con la verdad, en el cuidado con aquello que nadie ve y en las decisiones que tomamos cuando sería más fácil actuar de otra manera.
Muchas veces queremos dar testimonio con palabras, pero resistimos cuando Dios toca nuestro carácter, nuestro orgullo, nuestra impaciencia o nuestra falta de perdón. La luz de Cristo también necesita alcanzar esos lugares.
La fe no necesita convertirse en apariencia religiosa. Necesita hacerse real en lo cotidiano. Una vida transformada por Jesús no es perfecta, pero empieza a revelar un corazón que se rinde a Él con sinceridad.
Hay personas que tal vez no se detengan a escuchar una explicación sobre Dios. Sin embargo, observan cómo vivimos. Esto no debe ponernos bajo un peso, sino delante de una responsabilidad.
Cada día, necesitamos pedirle a Dios coherencia. Que nuestra vida hable de Cristo con verdad, sin fingimiento y sin buscar reconocimiento.
Oración
Señor, que nuestra vida hable de Ti con verdad. Forma en nosotros un corazón parecido al de Cristo y ayúdanos a vivir con coherencia delante del Padre. En el nombre de Jesús, amén.