En Santiago 1:22, la Palabra nos llama a ser hacedores de lo que oímos.
Esta orientación alcanza un área sensible de la vida cristiana. Podemos oír mucho sobre Dios, conocer versículos, estar de acuerdo con verdades bíblicas y aun así resistir cuando la Palabra toca nuestras actitudes.
Jesús no enseñó una fe separada de la vida. Su obediencia al Padre se veía en la forma en que recibía, corregía, servía y permanecía fiel. En Él, la verdad no quedaba apartada del camino vivido.
También somos llamados a ese lugar. Un versículo aprendido necesita encontrar espacio en la manera en que hablamos en casa, en cómo lidiamos con el trabajo, en la forma en que tratamos a quien nos hiere y en las decisiones que tomamos cuando nadie está mirando.
La fe que queda solo en palabras pierde fuerza dentro de nosotros. La Palabra echa raíz cuando empieza a gobernar el corazón en las situaciones comunes.
Hoy, no pienses en cambiar todo de una vez. Presta atención a lo que Dios ya mostró. Tal vez haya una actitud sencilla que necesita ser corregida, una conversación que necesita ser tratada o una decisión que necesita obedecer la Palabra.
Empieza por ahí. La obediencia sencilla también revela amor por Cristo.
Oración
Señor, ayúdanos a vivir lo que aprendemos en Tu Palabra. Trata nuestro corazón donde todavía resistimos y enséñanos a obedecer con sinceridad en las actitudes de cada día. En el nombre de Jesús, amén.