Romanos 12:12 nos llama a mantenernos firmes en la oración. Esta palabra alcanza a quien ha repetido el mismo pedido muchas veces y empieza a pensar que seguir orando ya no cambiará nada.
La demora puede aumentar la ansiedad y despertar el deseo de controlar lo que ocurre. Cuando la respuesta no llega como esperábamos, podemos interpretar el silencio como abandono. Jesús conocía esa fragilidad. En Lucas 18:1, enseñó a Sus discípulos que debían orar siempre, sin desanimarse.
Podemos perseverar aun sin fuerza constante ni palabras bien preparadas. Es posible presentarnos delante de Dios con la fe cansada y reconocer que ya no sabemos cómo esperar. La oración mantiene ese dolor en Su presencia, donde podemos hablar sin fingir.
Dios también puede responder de una manera distinta de la que imaginamos. Durante la espera, Él muestra deseos que estaban mezclados con nuestro pedido y toca nuestra necesidad de controlar el resultado. La espera continúa siendo difícil. En ese proceso, el corazón puede permanecer abierto.
Tal vez exista una causa que casi has dejado atrás. Preséntala otra vez al Señor. Habla con sinceridad sobre tu temor a decepcionarte y permanece delante de Él. La perseverancia comienza cuando decides volver a Su presencia.
Oración
Señor, Tú conoces lo que he esperado y cuánto me cansa esta demora. Guarda mi corazón del desánimo y enséñame a permanecer delante de Ti con sinceridad. En el nombre de Jesús, amén.