Efesios 2:1-3 describe una vida guiada por deseos y pensamientos alejados de Dios. Esa condición no siempre parece equivocada para quien vive dentro de ella. Podemos llamar libertad a lo que nos domina y defender decisiones que están endureciendo el corazón.
Saulo vivió algo parecido. En Hechos 9:3-6, iba camino a Damasco convencido de que estaba actuando correctamente. La presencia de Jesús interrumpió su camino. Durante un tiempo, sus ojos físicos quedaron cerrados, mientras una verdad más profunda comenzaba a alcanzar su corazón.
También nosotros podemos avanzar con seguridad en una dirección equivocada. El orgullo dificulta la corrección, porque admitir un error amenaza la imagen que tenemos de nosotros mismos. A veces reconocemos nuestra ceguera cuando Dios interrumpe los planes que considerábamos seguros.
La gracia de Cristo nos encuentra en ese lugar. Ella revela lo que ha gobernado nuestras decisiones y nos permite reconocer la distancia que antes ignorábamos. Este descubrimiento puede doler, pero abre espacio para una vida guiada por la verdad.
Tal vez haya un área en la que estés resistiendo la corrección de Dios. Pide al Señor que ilumine tus motivaciones y te muestre lo que todavía no logras ver con claridad.
Oración
Señor Jesús, abre mis ojos a Tu verdad. Muéstrame dónde he seguido mi propia dirección y enséñame a recibir Tu corrección con humildad. En el nombre de Jesús, amén.