Colosenses 2:6-7 nos llama a seguir viviendo en Cristo, arraigados en Él y fortalecidos en la fe. La imagen de una raíz habla de una vida que se profundiza antes de que su crecimiento pueda verse.
Podemos conocer la Biblia y todavía descubrir áreas del corazón dominadas por la ansiedad o por la necesidad de aprobación. Eso muestra cuánto necesitamos permitir que la verdad de Cristo alcance pensamientos que llevamos dentro desde hace mucho tiempo.
Echar raíces requiere permanencia. La Palabra empieza a corregir aquello que hemos aprendido a creer acerca de Dios, de nosotros mismos y de la vida. Con el tiempo, reconocemos cuándo el miedo está dirigiendo nuestras decisiones y aprendemos a responder desde lo que Jesús enseñó.
Ese crecimiento muchas veces ocurre lejos de la mirada de los demás. Hay etapas en las que percibimos pocos cambios y encontramos fragilidades que creíamos superadas. Permanecer en Cristo durante esos momentos también forma parte de la madurez.
Pablo relaciona esta vida arraigada con la gratitud. Al reconocer la gracia que hemos recibido, comenzamos a mirar nuestra historia con mayor conciencia de la presencia de Dios.
Tal vez alguna parte de tu vida todavía tenga raíces poco profundas. Llévala a Jesús con sinceridad y permite que Su Palabra alcance ese lugar.
Oración
Señor Jesús, muéstrame dónde mi fe necesita echar raíces más profundas. Enséñame a permanecer en Tu Palabra y a permitir que ella forme mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.