Romanos 1:16-17 presenta el evangelio como el poder de Dios para salvar a todo el que cree. En él, Pablo anuncia que la justicia de Dios se revela por la fe y concluye: “El justo vivirá por la fe”.
Esta palabra alcanza también la vida después de la conversión. Podemos intentar sostener nuestra relación con Dios por medio de nuestro desempeño. Cuando oramos más, servimos mejor o cometemos menos errores, podemos sentirnos más seguros delante de Él. Cuando fallamos, la culpa nos lleva a escondernos, como si Cristo ya no fuera suficiente.
La fe nos devuelve al lugar donde realmente está nuestra esperanza. Nuestra aceptación delante de Dios no depende de un balance favorable de buenas obras. Descansa en Cristo, cuya justicia recibimos por la fe.
Esto transforma la manera en que obedecemos. Seguimos tomando el pecado en serio y buscamos vivir de manera coherente, mientras dejamos de actuar para comprar el amor de Dios. La obediencia comienza a nacer de la confianza y la gratitud.
Observa hoy qué está sosteniendo tu corazón. ¿Estás descansando en Cristo o intentando presentarle a Dios alguna prueba de que mereces permanecer cerca de Él?
Oración
Señor, enséñame a vivir por la fe. Cuando la culpa o el orgullo me lleven a confiar en mi propio esfuerzo, vuelve mi corazón hacia Cristo, mi seguridad y mi justicia. En el nombre de Jesús, amén.