Gálatas 2:20 presenta una verdad que alcanza el centro de la identidad cristiana: Pablo comenzó a vivir por la fe en el Hijo de Dios, quien lo amó y se entregó por él.
Pablo seguía siendo la misma persona, con responsabilidades, limitaciones y luchas. Lo que había cambiado era el centro de su vida. Cristo pasó a orientar la manera en que entendía su identidad, sus decisiones y su futuro.
Esta fe entra en situaciones muy concretas. Cuando aparece el miedo, recordamos que nuestra vida pertenece al Señor. Cuando un deseo empieza a ocupar demasiado espacio, preguntamos si corresponde a lo que Cristo está formando en nosotros. Cuando enfrentamos una decisión difícil, buscamos Su voluntad antes de seguir solamente el impulso.
Vivir por la fe implica llevar a Cristo dentro de la rutina. El trabajo, las relaciones, el uso del dinero y la manera de reaccionar ante las frustraciones pasan a ser examinados delante de Él.
Pablo no habla de una vida sostenida por el esfuerzo religioso. Habla de una vida alcanzada por el amor de Jesús. La obediencia nace de esta memoria: Cristo me amó y se entregó por mí.
Tal vez hoy estás intentando conducirlo todo por tu cuenta. Vuelve a confiar en Cristo y permite que Él ocupe nuevamente el centro.
Oración
Señor Jesús, quiero vivir por la fe en Ti. Que Tu amor alcance mis decisiones, mis miedos y mis deseos, formando en mí una vida entregada a Tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.